
Fuma mientras mira el cielo, y todo va volviéndose más liviano, se toma un subte a "Rayuela" de Cortázar y ahí se queda desenredando cada palabra, cada oración. Y después viene a leerte, y te cuenta lo que hizo.
Belù.
Respiro, y yo soy el mar que ahora te invade...

Deberían de haberle dicho
Mis uñas rojas en el desierto roídas
la leve arena corría en el cuerpo de mis voces
los leños se bañaban en la sangre de mis senos
que corrían desesperados detrás de la voz que me gritaba
oigo el mundo llorar
silencio
no más mi voz mundo estoy solo
no más mi corazón aguado en la sal del universo
no más mis espíritus cegados por el viento infernal del último cielo.
Belú.


Quisiera amanecer frente a un lago
Celeste, pálido, fresco
El aire fresco y yo liviana,
Pequeña, expectante, algo dormida,
El verde hace un contraste hermoso
Con la mañana.
No quiero ver más cimientos,
Siento que no me despido de la naturaleza.
Porque viene un final, ¿no?
Así dicen y yo tengo miedo,
Quiero irme ya.
Belú.

Duerme, tiembla, piensa… todos creemos que pensamos cuando estamos en un estado bastante complicado. Pero al señor de pelo blanco y camisa a cuadros me gustaría dibujarlo. Mis manos sólo quieren ayudar a mi mente a abstraerse, en cualquier lugar. Acá, con música mía, muy mía que espero… e invitaciones al paseo del medio desentendimiento. La gente juega, se distrae, duerme, lee el diario y yo me pregunto… ¿por qué suena esta música mediocre y deprimente habiendo tanta música hermosa en el universo?
Y el día tan tranquilo se me escapa de las manos, como por arte de magia, como si todas estas horas no hubieran existido jamás. Yo… yo, yo y mierda de yo, que miro la ventana como una mosca encerrada, queriendo traspasar el vidrio. Sí, yo puedo, y la mosca no. Yo puedo abrir la ventana y tirarme y salir, muerta pero afuera. O puedo bajar las escaleras, abrir la puerta del departamento, bajar más escaleras (mis ojos se entrecierran, todavía hay un poco de claridad) y llegar a la puerta. Esa grande de vidrio y pesada. Pero le tengo miedo. Así que vuelvo corriendo y sigo mirando por la ventana. Pero no, me acuerdo de que no tengo cigarrillos, y ahí sí me animo a salir a comprar, pero no, tampoco, no fumará, querida, ¿quién se cree que es para salir por lo que le conviene? No, no, y no, así no son las cosas, ermitaña del segundo piso, fantasma computacional, flor marchita de plástico y medio podrida.
(Foto sacada por Rodrigo, cosa iluminada = yo)

Una vez más me desarmo en lágrimas. Me doy lástima, me quiero morir, me tiro del pelo, me araño, me aprieto, me lamento. Y no sé qué hacer.
Lo único que quiero hacer es estar en otro lado como sea.
Él me dejó sola una vez más. No me tuvo en cuenta, me desplazó. Me siento muy mal, quiero escribir y sale esto, una y otra vez esta mierda que me carcome la cabeza, la vida, el cuerpo, las ganas.
No tengo espíritu festivo, presiento que mi navidad va a ser más infeliz que la del año anterior, lo que significa que yo voy en picada.
Me doy asco, lástima, bronca, y si fuera otra persona, y no estuviese apegada a mí misma por estos 20 años que cargo conmigo me liquidaría sin contemplaciones. Si yo fuera otra persona le dispararía.
Belu.
A veces lo siento como un desconocido, como si no conociera lo que me hace sentir, como si 3+6 fueran 10, como si la ciudad no se estuviera cayendo a pedazos.
Todo, absolutamente todo turbio cuando estoy sobria. Llamáme, buscáme, sacáme de este mar salado e incoherente que me quiere arrastrar.
Besá este caracol que tengo entre las piernas, conjeturas pobres de una mente brillante, con los ojos brillantes a punto de llorar. Me descajeta el movimiento insulso de esos pelos rubios que se mueven al compás de un tango tan ebrio como yo. Papá, mamá, la redención está en la cuna, desde antes de nacer, desde antes del semáforo escandinavo y drogadicto que me hiere y me tuerce como se tuerce la lana de la oveja descarriada. La morocha del barrio, la que camina pisando huevos, duros, podridos, feos.
¿Qué soy? Un pedazo de carne con ánima, viendo bajar a los demás, con mi sensación en el estómago, confuso. El doblaje, la picazón en la pera, no aguanto. La mochila tan pesada, vos te quedás adentro. Vos, ahí, refugiado en mi inconsciente, en mi piel, en mi garganta que eructa cerveza, mezclada con dolor y con jeans fantásticos. Cronopio, cronopio, lleváme ahí, a la ventana pacifista, a la cama transparente.
Y mi prosa perdida en el vientre, y desechada en un inodoro cualquiera. Así como eliminé la vida de mi trascendencia infeliz.
Belu.

Llegó el punto de la noche
en que la música me da melancolía
y siento traspasar la tristeza
hacia mí misma,
hacia vos,
no sé. La verdad es que no sé.
Pero ¿por qué no me encontrás?
Pienso que capaz
yo no quiero que me encuentres.
Quiero ser agua,
así de escurridiza.
Por eso no tengo celular.
Es hora de la música triste,
es momento de programarla.
Me transporto a una mañana
en el Abasto,
acompañada
de Luca Prodan
más vivo que nunca.
Y me dice que no tenga miedo,
y me mira y me traspasa
aunque tenga esos
lentes
para la gente que le da asco.
No quiero ir más a la escuela
instituciones malas,
no concuerdan.
Ya no quiero pudrirme,
porque la música me lleva.
Y hay algo que me reclama,
en el fondo del alma,
la abstracción de siempre.
No hay besos hoy,
hubo unos que se extinguieron
y se cansaron de subir
escaleras rotas.
Viene el tren, y yo qué sé qué está
haciendo ese ser que pensaba
y se aburría como yo,
pero me alejo y me alejo del suelo
como Luca, y como Lucas,
los dos escucharon el tren
y yo lo oigo venir
y me aterro.
Escalofríos.
Soledades.
Auxilio necesito vida,
bailar, mar, ojos amables…
Yo doy más
oportunidades,
me doy lástima.
¿Qué tengo de malo?
Sueño.
Es que a veces pienso que esto
no terminó.
Porque no quiero.
Tan difícil es conseguir lo que
nos hace bien.
Me lo cuentan Las Pelotas,
mientras limo con la sal mezclada
con agua, que provoca olas
en mí.
Ya no me mirás más y duele.

Añoranza del mar y sus formas pez sin nadar
Desgarrado.
Quietud de la noche en mi sexo
y el olor de la luna rancia sobre mí,
taza enferma sin colores
útero deprimido,
labios ácidos sin lengua
que no lamerá jamás los campos abiertos.
En mi memoria campos de concentración
alguna guerra y otro cuerpo,
alguien que no soy yo pero que se me parece demasiado,
eras vos ahí parado, y me invitabas a dormir, sin respirar.
Navaja en la tráquea,
tu voz y el cuchillazo en la frente, despertar
¿Dónde?
¿Qué encuentro sobre mí?
Tu cuerpo liquidado por el tiempo
¿Cuándo?
Hacéme dormir
en el seno que se esconde en mi espalda sin nacer.
Alimentáte con mis jugos,
son amargos porque sufren de vacío.
Y el viento es algo que no conocés cómo llora
de amor mi garganta.
Es el cielo poblado de plumas
lo que roza nuestros cuerpos inertes,
mi vientre dolorido tu lunar alarido en mi mente,
sólo necesito la certeza de poder ser
dolor en vos
dolor en mí.
El agua también cae dolorida.
Me desintegro en sus fauces
me rompo.
Falaz escombro de mi vida
falaz caída de vos en mis dientes.
Sonido hueco en mi alma
que sueña algo inconcluso,
muerta como un sapo
o el sol o la vida, ¿la vida qué es?
El camión sos vos, vos me aplastaste,
¿y la angustia cómo se llama?
Qué digo si lo que miro es mi llanto
mi sola nota desgarrando el silencio.
Las piedras entorpeciendo mi camino,
y todas las locuras del mundo contenidas en dos míseros pezones.
Presiona el agua sobre mis pulmones
desborda mi pleura de canciones heridas,
quiero renacer para asesinarte,
porque las heridas son profundas, y mi odio lo es aún más.
Quiero un papel para bordarte con suero otro traje
pero mi linaje de niñas puras ya se ha perdido.
Victoria y Belu.
(He vuelto, este fin de semana voy a visitar a absolutamente todos, no crean que me olvido de ustedes. Anduve colgadísima, muy muy muy muy)
Soltaron a una jauría de perros llenos de ira por la marginación y la poca gratitud del mundo atrás de una esperanza que viajaba adentro de un globo que volaba y flotaba bajo. Así es mi situación. Mis ojos ya ven los pájaros como cuervos y buitres, me cuesta escuchar el sonido que hace el mundo. Y ahora distingo cada cosa, grillos, pájaros, el viento cuando choca mi cuerpo, perros, sapos, un avión que quiebra el celeste del cielo, moscas, y tengo miedo de que me piquen abejas o avispas. Hay un pájaro que hace un sonido rarísimo.
Muy tranquilo, un bichito minúsculo se apoya en mi hoja, y siento que los invado. Más allá hay un chancho que me mira. Y el pájaro de ruido raro me pregunta con su voz estruendosas mil cosas a las cuales no sé responder.
La mosca se anima y se me para en la cara, y a mí me da miedo, ¿a quién no sobresalta el ruido de una mosca? Y le pego por inercia, a modo de defensa, pero no la mato. La pierdo medio desmayada en el pasto que me debe detestar porque estoy sentada muy cómoda arriba de él.
Ahora hay dos chanchos, y tengo un grillo en particular mucho más cerca que antes, los perros ladran muy fuerte, y la mosquita en mi rodilla… La soplo y no se quiere desprender de mí… Un pájaro se me sienta cerca, y me pasa por alrededor una mariposa, o una polilla.
Me siento bastante tranquila, bastante liviana como para presentarme en sociedad. Me voy a caminar.
15/10/06
Día de la madre en General Rodríguez.


Soy la luna. No estoy loca. No. Yo soy la luna. Yo me llevo las ánimas noctámbulas, yo soy el capricho más enorme en este Universo, yo, la luna.
Penetro en todas las ventanas, cuando quiero y como quiero, soy la madre de esas criaturas sangrantes que claman por sus sueños. Vigilo a los que me detestan, simplemente por estar sola y triste acá arriba. Fallecí hace mucho tiempo, ya me quiero ir… es difícil vivir irradiando luz todo el tiempo, quiero dormir, y cuando sale el sol no puedo, porque me molesta la luz. Me duelen los ojos, quiero ver mi reflejo y justo, ahora, por acá no hay océano. Estoy y no estoy, aparezco y desaparezco, las horas transcurren demasiado lentas para mí… Siempre el mismo ritual que me lleva a ensanchar el cuchillo en la mano del hombre que, desesperado, busca consuelo en mí y muchas veces no puedo dárselo. Me pregunté mil veces qué habrá en esas mentes retorcidas que se me acercan tanto. ¿Cómo serán esos espíritus?
Ella es la soledad. Ella también, está, incondicionalmente, rondando por ahí. Ella sueña sueños lentos y densos, ella acecha en esos días largos y grises. Ella es mi compañera en las noches, y en la de muchos. Es la más distante de todas, la más descarriada, se despoja fácilmente de todo. Cruza mundos enteros buscando sus víctimas. Ella deja marcas.
Y las dos nos movemos al unísono en una misma mente, y la ayudamos a viajar más allá, y baila y se cae, y espera que algo la despierte, o la mande a dormir.
La otra es la lluvia, la que baña el jardín que todos buscamos, la que moja todas las ventanas, la que se esconde del sol, como yo… Es la que se acerca tanto que llega a dejar su rastro en la piel.
Yo sé que todo esto no es un sueño, pero después no hay nada más y la música la estoy escuchando hoy, y yo en silencio desdoblándome.
Para mí no es primavera, en mí el paisaje se suicida dejando ese gusto a vacío visual que produce la ausencia de fulgores mortecinos. Es inútil indagar en el tiempo que me queda, ese es uno de los claros defectos del ser humano, tratar de entender el tiempo.
Y ahora me voy a seguir con mis encantamientos, en un rato tengo que salir a iluminar vidas e ideas. Soy la luna. Sí, la mismísima luna.
Belu.
(No, no y no. No aguanto. Extraño que ustedes me lean así, esto que soy, que tal vez dice más que todo lo otro, o no, o no sé, quién sabe)